Willy transforma vinilos en piezas únicas con alma
Apasionado de la música máquina y pionero en el mundo del vinilo, hoy da nueva vida a discos antiguos convirtiéndolos en altavoces, lámparas, relojes y más. Arte, historia y creatividad girando en cada obra.
WILLY
Mi historia con los vinilos empezó hace más de 30 años, cuando trabajaba en una discográfica vendiendo discos de música máquina. Aquella época fue mágica: ritmo, agujas bailando sobre el vinilo y el alma latiendo a 130 bpm. No solo vendía música, vendía una parte de mí.
Desde entonces, mi amor por los vinilos no ha hecho más que crecer. Nunca los vi como simples discos: para mí siempre fueron cápsulas del tiempo, obras de arte sonoras… y, ahora, también visuales y funcionales.
Un caluroso día de agosto, dejé sin querer un vinilo en el coche. Cuando volví, el sol lo había moldeado como una escultura futurista. En lugar de enfadarme, sonreí. Ese “accidente” fue el comienzo de algo nuevo: transformar viejos vinilos en altavoces, lámparas, relojes y mucho más. Darles otra vida. Reescribir su historia.
Hoy sigo rodeado de música, creatividad y nostalgia. Cada pieza que creo es única, hecha a mano con respeto por lo que fue y emoción por lo que puede llegar a ser.
No reciclo. Reimagino.
Transmite emoción y autenticidad
Vinilos con historia, objetos con alma
Proceso Creativo
Transformar un vinilo en algo nuevo no es solo una cuestión de técnica. Es casi un ritual.
Todo empieza eligiendo el vinilo adecuado. Cada uno tiene su propia historia, sus surcos gastados, sus huellas del tiempo. Luego viene la parte mágica: aplico calor con precisión, a una temperatura exacta, y uso un molde que diseñé yo mismo, después de muchas pruebas, errores y quemaduras de novato. Ahí, en ese momento, el vinilo deja de ser solo un disco para convertirse en otra cosa: un altavoz, una lámpara, un bol, un reloj… una pieza única.
Cada objeto que creo tiene algo de mí: mis manos, mi paciencia, mis recuerdos y, sobre todo, mi pasión por no dejar que estas joyas del pasado terminen en la basura.
No sigo un manual. Sigo mi intuición, mis recuerdos, y el respeto profundo que le tengo a cada vinilo. No fabrico en serie. No copio. Cada pieza es irrepetible, como una canción en directo.








